jueves, 10 de mayo de 2012

Viaje de fin de carrera. Crucero (segundo día)

Segundo día: Mykonos (Μύκονος)

Me había propuesto levantarme temprano todos los días para ver cómo amanecía y cómo llegábamos a puerto. Así que ese día no sería una excepción. Raquel me había dicho que ella también quería subir conmigo a verlo.

El camarote tenía cuatro camas, dos de las cuales eran camas altas). Raquel dormía en la litera de arriba, mientras que Rakel y yo dormíamos en las de abajo. Cuando Raquel se despertó y fue a preguntarme si ibamos ya a ver cómo llegábamos a Mykonos, se dio un golpe con la barra lateral de la cama. ¡¡Empezábamos bien el día!!

Eran las 6 y media hora local, es decir, que en España eran las 5 y media. Salimos del camarote intentando hacer el menor ruido posible y nos fuimos hasta la cubierta Sun. Nuestra sorpresa fue ¡¡que ya estábamos en Mykonos!!













Después de disfrutar de tan maravillosas vistas, fuimos al camarote a despertar a las demás. Teníamos que ir a desayunar y salir lo antes posible para aprovechar al máximo la mañana, ya que a las 17 horas o así ya teníamos que estar en el barco.

Desayunamos contemplando Mykonos. La verdad es que se veía precioso desde el barco. Ya me imaginaba caminando por esas calles de casas blancas con ventanas azules........ Mientras desayunábamos, pensábamos lo que haríamos durante el día en Mykonos: visitaríamos un poco la ciudad y luego iríamos a alguna playa. Vimos desde el barco que detrás de los molinos de viento se veía una playa que parecía bastante decente (¡¡Qué ilusas somos!!)

Cuando terminamos de desayunar, fuimos a los camarotes a por las cosas y salimos del barco. Desde el puerto  de Tourlos (donde había atracado el barco) había que tomar un autobús para ir hasta Chora (el servicio de autobuses hasta mykonos lo habilita el crucero). El autobús nos dejó en el muelle desde el que salen los ferrys hacia otras islas. Desde allí fuimos andando hasta la ciudad para comenzar su visita.
Íbamos sin mapa, a la aventura, así que decidimos ir rodeando la isla y no alejarnos mucho del mar.







Cuando íbamos por la mitad del puerto decidimos callejear un poco. Nos quedamos maravilladas contemplando las hermosas calles. Al pasar por ellas, vimos a la gente pintando el suelo de la calle.

Poco rato después decidimos no callejear mucho por si nos desviábamos mucho de la ruta, así que salimos de las calles, en dirección al mar. Al salir de las calles, vimos una iglesia muy bonita situada junto al mar. Desde allí había unas vistas espléndidas.











Después subimos por una cuestecita hasta la iglesia de Paraportiani. Rodeando la iglesia, vimos un callejón desde el que hay unas preciosas vistas de los molinos.








 Desde allí continuamos, caminando por las calles, para ir hacia los molinos, hasta que llegamos a un lugar donde había lo que en España llamamos terrazas de verano. El suelo estaba mojado, debido a las olas que rompen contra los pequeños muros que hay situados junto al mar. Cuando me giré no me lo podía creer: ¡¡estábamos en la Pequeña Venecia!!









Tras maravillarnos un rato con las vistas de la Pequeña Venecia continuamos hacia los molinos, los cuales estaban muy cerquita. Desde los molinos hay unas vistas estupendas de la Pequeña Venecia.







Estuvimos un rato dando vueltas por los molinos y contemplando las fabulosas vistas que hay desde ellos. Después continuamos hacia la playa que habíamos visto desde el barco. Bajamos por los molinos y fuimos bordenado la isla hasta que llegamos. El hecho de ir a esa playa y no encontrar a nadie debió darnos a entender que no era un sitio ideal para bañarse. Si, el agua era cristalina, pero no es oro todo lo que reluce.

Allí todo pasó muy deprisa.  Nos bañamos todas excepto Rakel, que se quedó custodiando los bolsos. Raquel, Inés y Cris, las más valientes, entraron las primeras en el agua. Carmen y yo ibamos las últimas. No recuerdo muy bien lo que pasó, pero de pronto una  pequeña ola hizo que Raquel perdiera el equilibrio y se cayera en el agua. Yo, aunque iba por detrás metí el pie en un agujero y me hice daño en un dedo. Cuando miré hacia la playa Rakel se reía por lo que le había pasado a Raquel con la ola. Pero, la pobre Raquel salió corriendo del agua diciendo que se había pinchado con algo y la dolía mucho la planta del pie. Salimos todas del agua y, mientras las demás se secaban, me puse a examinarle el pie para ver que era. Tenía un montón de puntitos negros en el talón. Tanto ella como yo tratamos de sacarlo, pero no pudimos. Empezamos a preocuparnos porque no sabíamos que podía ser. Así que nos vestimos todas y decidimos volver al barco para que fuera a la enfermería. Las dos ibamos cojas (ella el talón y yo un dedo, cada vez que psaba me dolía muchísimo).

De camino al barco, cerca de la Pequeña Venecia paramos en una tiendecita que había a comprar algunos regalos (yo tenía que comprar sí o sí unos imanes a mi madre de cada sitio que visitara).






Teníamos mucha sed, así que, antes de ir al barco paramos en un bar a tomar algo. Para mi sorpresa estabamos sentadas en una terracita de una de las casas que componen la Pequeña Venecia. Fue fascinante estar ahí.



Ahí nos separamos: Raquel y Cris (no sabía por qué pero le picaba mucho la piel) se fueron corriendo para el barco, mientras que las demás nos quedamos para seguir realizando algunas compras (ir todas corriendo al barco carecía de sentido, pues no nos iban a dejar entrar a todas en la enfermería). Sin embargo, fuimos casi detrás de ellas, pero parándonos en todas las tiendecitas que había.

Cuando llegamos al barco (tuvimos que ir al muelle de los ferrys a coger el bus) y fuimos a buscarlas a los camarotes ellas no estaban. Pensamos que estarían comiendo, así que subimos al buffet, pero tampoco estaban allí. Supusimos que estarían aún en la enfermería, así que nosotras comimos (no sabíamos si ellas habrían comido antes o no). Cuando terminamos de comer nos fuimos cada una a nuestros camarotes para ver si venían Cris y Raquel. Al poco rato, llegaron Cris y Raquel. Estábamos súper nerviosas porque no sabíamos lo que tendría Raquel. Cuando llegaron nos dijeron que lo que tenía Raquel en el talón eran las púas de un erizo al que había pisado en la playa. "Cuerpos extraños". El médico le quito las que pudo y le puso la vacuna del tétanos, por si acaso. Como no habían comido las acompañamos al buffet para que comieran algo.

Esa tarde, se iba a llevar a cabo en el barco el simulacro. Pero Raquel y yo, que estábamos ambas cojas, nos quedamos en el camarote, pues no podíamos andar muy bien, Rakel se quedó para hacernos compañía. Yo, en mi dedo, me di una pomada que llevaba Rakel en su botiquín. La verdad es que era mano de santo.

Cuando terminó el simulacro, vinieron Inés, Cris y Carmen a nuestro camarote para contarnos cómo había ido el simulacro (serían más o menos las 8 u 8 y algo de la tarde).

Estuvimos un rato charlando y, después nos preparamos para ir a cenar. Habíamos decidido ir a la cubierta Sun para disfrutar de la brisa, pero cuando salíamos del restaurante y nos disponíamos a subir en los ascensores, Inés escuchó música procedente del Bar Rendez-Vous. Literalmente dijo: "música en directo" y salió corriendo hacia el lugar de donde procedía la música. Nos quedamos petrificadas delante  de los ascensores. Rakel fue a decirle que nos íbamos arriba, pero no hizo mucho caso. La volvimos a llamar desde los ascensores y nada. Así que nos subimos y supusimos que vendría ella detrás. Supusimos mal. Estuvimos como una hora o así tumbadas en las tumbonas de arriba esperándola y no venía.







 (las reinas del Egeo)

 (I'm your Venus.....jajajaja)






Como veíamos que no aparecía, fuimos a buscarla. La buscamos por todo el barco y no la encontramos, así que nos fuimos al camarote para ver si había ido allí. En efecto, estaba allí. Nos dijo que nos había estado buscando pero no nos encontró. Creo que debimos cruzarnos: mientras ella subía nosotras bajábamos.

Le dijimos que si quería salir a dar una vuelta por el barco, pero ya no le apetecía salir más.
Nosotras nos fuimos a dar una pequeña vuelta y luego volvimos a los camarotes para dormir.
(las dos cojas jejeje)


Una anotación importante a tener en cuenta: a pesar de que Rakel no se había bañado en la playa, ni había tomado el sol, había empezado a quemarse. Es importante este dato para los post que siguen.



















2 comentarios:

  1. jajajajajajaja, muy bueno Cris, sobre todo el último dato, que será relevantísimo!!!

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    1. Si si, ese dato es importante para el futuro. Pobrecilla.... pero es que ya el primer día se había achicharrado

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