martes, 8 de mayo de 2012

Viaje Fin de Carrera

Antes de pasar a la narración del viaje, le voy a dedicar un post a su preparación. ¿Por qué? Pues porque su preparación me costó muchas lágrimas.

PREPARACIÓN DEL VIAJE.
Septiembre de 2010. Esa fecha marcaría el principio del fin de una etapa importante en la vida de los estudiantes de Derecho de Toledo. Era el último curso. Eso significaba dos cosas: graduación y viaje de fin de carrera.

Durante los cinco años de carrera, la clase había estado dividida en grupos, lo cual hacía muy difícil organizar un viaje para tanta gente. Por eso, yo me encargué de la organización del viaje de mi grupo. Sería un viaje inolvidable.

El curso se presentaba movidito: teníamos clase por la tarde (de 15 horas a 21 horas), salvo Inés y yo que, además de esas horas teníamos que ir los lunes y martes por la mañana, pues nos habíamos cogido una optativa. Con este plan, el mejor sitio donde se podía hablar del viaje era la cafetería. Allí nos reuníamos en nuestro tiempo libre y  empezó más o menos a fraguarse el viaje. Inés, Raquel y yo habíamos pensado que un crucero podría estar bien, pues visitaríamos en una semana, 6 ó 7 ciudades. Así que lo comentamos con el resto. La verdad sea dicha, al principio a la gente no le hizo mucha gracia la idea, aunque nadie propuso ninguna otra alternativa.

Así, un día me fui a la agencia de viajes y me informé bien de cómo iba un crucero, pedí presupuestos y destinos con las diferentes compañías. La chica de la agencia me dio un catálogo en el que venían todas las compañías y me dio un presupuesto aproximado, pues éste variaría en función de la gente que fuéramos.

Me lleve el catálogo a la Universidad, y allí lo miramos entre todas. Les expliqué lo mismo que me habían explicado a mi en la agencia de viajes. Inés, Raquel y yo estábamos muy emocionadas por el viaje, así que convencimos a las demás de las ventajas que tenía hacer un viaje de estas características. tendríamos playa, sol, piscina, jacuzzi y turismo. Así todas saldríamos ganando (lo elegimos así porque a mi, por ejemplo, la playa no me va mucho, prefiero el turismo, pero yo era consciente de que hay gente que prefiere playa).

Teníamos claro que sería por el viaje sería por el Mediterráneo Oriental.  Ahí coincidíamos: a todas nos gustaba la idea de ir a Grecia y Turquía. También teníamos claro con que compañía viajar, pues era la que más se adaptaba tanto a nuestras fechas (exámenes finales) y el precio: Pullmantur. Elegimos el crucero por las Islas Griegas y Turquía con fecha 15 de julio a 22 de julio de 2011. Esa fecha era ideal, pues ya habríamos acabado las clases y habríamos hecho todos los exámenes (tanto de convocatoria ordinaria como extraordinaria). En diciembre, tuvimos una baja: a una chica no le dieron la beca suficiente, por lo que no se pudo venir. Así que tuve que ir de nuevo a pedir presupuesto.

Llegó enero y previendo que nos quedaríamos sin viaje fui a la agencia. Allí me informaron que los camarotes más baratos ya estaban agotados y me volvió a dar un presupuesto con los camarotes que quedaban. Cuando llegué a mi casa,  organicé un evento a través de una red social para informar de las novedades. Pero, en ese momento se echaron para atrás 3 personas más, por lo que nos quedamos en 6. Yo había pedido presupuesto para 9 y, claro, al ser menos, la cosa cambiaba: el precio subiría y la distribución en camarotes también.

Durante el mes de enero hubo mucha tensión. De las seis que íbamos, 2 aún se lo estaban pensando. Yo creía que me iba a dar algo: no me podía creer que para hacer un viaje la gente se lo tuviera que pensar tanto. Por Dios ¡¡¡es un viaje!!! Pero al final todo se solucionó. Llamé llorando a una de las que sí estábamos seguras de ir y le dije que yo ya no podía más: teníamos que reservar ya, si no queríamos perder la oportunidad de nuestro viaje de fin de carrera y, para colmo, parecía que la gente no estaba ilusionada por el viaje. Yo no lograba entender cómo la gente podía poner tantas pegas a un viaje; un viaje que era único. Ella se encargó de llamar a las dos chicas que estaban aún pensando y no sé que las diría, pero las convenció.

Cuando por fin fui a la agencia para reservar, no me lo podía creer. Pero claro, aún no habían terminado los obstáculos. Cuando llegué le dije a la chica de la agencia: que definitivamente ibamos 6. Ella me dio el presupuesto para 6, y claro, había aumentado en 50€. Pero yo de allí no me iba a ir sin decir si íbamos o no. Así que llamé a todas y las expliqué la subida del precio. Pero, por suerte, todas aceptaron y me dijeron que si, que reservara ya. Cuando por fin estaba reservando, se me saltaban las lágrimas.

Al llegar a mi casa, las llamé por teléfono y les conté que teníamos que dar un fianza de 100€ en los próximos días. Ya estaba hecho: habíamos reservado y una semana después pagamos la fianza, ya sólo quedaba esperar a que llegase julio.

Pero como suele suceder, de enero a julio pasaron muchas cosas; cosas que no voy a mencionar porque si no, no empezaría nunca a narrar el viaje. Lo importante es que al final hubo viaje.

Quince días antes de irnos quedamos 5 de las 6 que nos íbamos (la sexta tenía que trabajar, así que no podía venir) y nos fuimos a Xanadú a comprar cositas para el viaje: chanclas, bikinis, ropa, .......... en fin, de todo. Sabíamos que en el crucero había noches temáticas, pero no sabíamos de qué exactamente, por lo que Cris y yo (si si, éramos dos Cristinas y también había dos llamadas Raquel jejeje) nos compramos una especie de trenza azul con plumas jajaja por si acaso había alguna hippie.



Una semana antes, fui a recoger toda la documentación. ¡¡No me lo podía creer!! Tenía en mi poder la información sobre el vuelo, los camarotes, el itinerario (Atenas, Mykonos, Rodas, Éfeso, Estambul, día de navegación, Santorini y Atenas).....¡¡TODO!! Ya era un hecho, nos íbamos de crucero.

Nuestro avión salía tarde: a las 13 horas con destino Atenas. Así que pensamos en contratar un taxi para que nos llevara al aeropuerto, pero el hombre con el que hablamos no podía llevarnos el día que nos íbamos, pero sí podía recogernos. Así que contratamos la vuelta. ¿Para la ida? Pues fue sencillo: compramos unos billetes de AVE Toledo-Madrid con salida a las 7:55 de la mañana; desde Atocha iríamos en metro hasta Barajas y allí esperaríamos con ansias nuestro vuelo.

Como no teníamos ni idea de cruceros, Cris y yo investigamos por todos los foros de cruceros habidos y por haber. En uno de ellos, una mujer (que iría con nosotras en el crucero) nos informó de que había una agencia para reservar las excursiones y que salían más baratas que con el barco. Nuestra idea era, hacer todas por libre, excepto Éfeso (porque el barco atracaba en el puerto de Esmirna) y Atenas, por ser el último día. La de Éfeso la reservamos con la agencia que nos recomendaros. En cambio, la excursión del barco la hicimos con el barco por varios motivos, entre ellos porque la excursión incluia el traslado al aeropuerto y en el precio final del crucero nos entraban los traslados de aeropuerto-puerto y viceversa, con lo cual ya lo llevábamos pagado.






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